{"id":1814,"date":"2008-06-16T18:05:16","date_gmt":"2008-06-16T18:05:16","guid":{"rendered":"http:\/\/metalecabeza.wordpress.com\/?p=56"},"modified":"2008-06-16T18:05:16","modified_gmt":"2008-06-16T18:05:16","slug":"mire-pues-como-sigue-la-novela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moralescom.com\/site\/mire-pues-como-sigue-la-novela\/","title":{"rendered":"Mire pues c\u00f3mo sigue la novela"},"content":{"rendered":"<p><em>Escribe: Alberto Morales<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es una evocaci\u00f3n. El \u201cpelao\u201d que est\u00e1 narrando esta historia recrea una relaci\u00f3n de estertores con el Algebra de Baldor. Quiere venderla, cambiarla por otro libro m\u00e1s \u00fatil. Goc\u00e9 mucho.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Vea el cap\u00edtulo completo.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">TRES\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>\u201cAl \u2013Juarismi, el m\u00e1s grande matem\u00e1tico musulm\u00e1n, dio a esta disciplina la forma que despu\u00e9s iba a ser cl\u00e1sica. Naci\u00f3 en la ciudad persa de Huwarismi, hoy Khiwa, a fines del siglo VIII. Muri\u00f3 hacia el 844 (230 de la H\u00e9gira)\u201d.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u201cEn la Biblioteca del califa Al-Mam\u00fan compuso en el 825 (210 de la H\u00e9gira) su obra <\/em><strong><em>Kitab al-muhtasar fi hisab\u00a0 al- gabr wa \u2013 al- muqabala<\/em><\/strong><em>, que explica de\u00a0 d\u00f3nde se deriva el nombre de esta ciencia\u201d.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u201cAl-gabr significa ecuaci\u00f3n o restauraci\u00f3n; al-muqabala son los t\u00e9rminos que hay que agregar o quitar para que la igualdad\u00a0 no se altere. Por esto, en rigor, el \u00c1lgebra no es m\u00e1s que una teor\u00eda de las ecuaciones\u201d<\/em><\/p>\n<p><em><\/em><\/p>\n<p>Hab\u00eda sufrido este libro hasta los l\u00edmites de la cordura mientras cursaba el tercero de bachillerato. Lo hab\u00eda manipulado todo un a\u00f1o y descubre ahora que jam\u00e1s hab\u00eda le\u00eddo esta rese\u00f1a de las primeras p\u00e1ginas en donde se explica qui\u00e9n era el personaje.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Va en el bus hacia el centro, concentrado ahora en la car\u00e1tula que se descubre ante \u00e9l totalmente diferente. Al- Juarismi se ve delgado en exceso y sus ojos demasiado grandes. Observa el turbante rojo de destellos amarillos contra el cielo y la ciudad que se derrite al fondo bajo el rigor de la can\u00edcula; un calor que parece no hacer mella sobre la humanidad de un hombrecillo con t\u00fanica roja que est\u00e1 tal vez orando a Al\u00e1 con los brazos abiertos, desde la galer\u00eda del \u00fanico alminar visible. A un lado, la c\u00fapula de la mezquita.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hay que hacer un gran esfuerzo para tratar de descifrar qu\u00e9 significan los centenares de puntos que se ven en la parte inferior de la ilustraci\u00f3n. Se le ocurre ahora que se trata de una multitud de musulmanes arrodillados y orando con los brazos extendidos en direcci\u00f3n a la Meca.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Al lado de la ilustraci\u00f3n de los libros primigenios de Al-gabr y Al-muqabala, el libro del Al-goritmi.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero las sorpresas no se detienen: lee en la tercera p\u00e1gina con fondo amarillo y letras rojas que el Doctor Aurelio Baldor, autor del libro y Jefe de la c\u00e1tedra de matem\u00e1ticas de Stevens Academy, Hoboken en New Jersey USA y profesor de matem\u00e1ticas del Saint Peter\u2019s Collage de Jersey City, es a su vez fundador, director y jefe de la c\u00e1tedra de matem\u00e1ticas del colegio Baldor en la Habana, Cuba (\u00bf?!!).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Baldor es cubano!<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfNo es acaso Cuba \u201cla capital del imperio del mal, el gran basti\u00f3n del comunismo ateo en nuestra Am\u00e9rica\u201d?\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El bus se detiene en frente de la Catedral Bas\u00edlica por la carrera veintitr\u00e9s y decide bajarse. Tal vez se de una pasada por \u201cEl Tr\u00e9bol\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tom\u00f3 la determinaci\u00f3n sobre el libro esta tarde al regresar del colegio. No tuvo que hacer grandes esfuerzos. Pens\u00f3 que ya estaba cursando el quinto de bachillerato y que\u00a0 el \u201c\u00c1lgebra de Baldor\u201d era totalmente suya, que ya jam\u00e1s la volver\u00eda a necesitar, que\u00a0 tal vez cuando \u201cel negro\u201d o Alejo llegaran al tercer a\u00f1o\u00a0 \u00e9se ya no ser\u00eda el texto obligatorio porque as\u00ed ocurr\u00eda siempre. Y entonces se le desaparecieron todos los cargos de conciencia.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de la casa con\u00a0 el libro para proponerle a Pach\u00f3n que se lo cambiara por otro m\u00e1s interesante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Camino al Caf\u00e9 piensa que ha pasado ya una semana desde su \u00faltimo encuentro con Sara. Ninguno de los dos ha dado se\u00f1ales de vida.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La tarde tiene un tono festivo, es viernes y todo el mundo est\u00e1 en la calle. Casi no puede creerlo, pero Lucrecia es ahora un recuerdo lejano.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Marcha entusiasmado, hay una cierta lucidez que le llena el cuerpo, lo mira todo, tiene conciencia de los edificios, de sus fachadas, de las personas que pasan.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Camilo vive!\u201d, \u201c\u00a1Abajo el imperialismo norteamericano!\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lee las dos consignas pintadas en la pared con la r\u00fabrica del\u00a0 Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional. Aunque le dio la impresi\u00f3n de que las ve\u00eda por primera vez, tiene claro que\u00a0 Camilo Torres es todav\u00eda una memoria\u00a0 fresca y\u00a0 sabe que consignas como esta aparecen pintadas por todas partes.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hace ya como tres a\u00f1os que la noticia conmovi\u00f3 al pa\u00eds: El cura guerrillero hab\u00eda muerto en un enfrentamiento con el ej\u00e9rcito en las monta\u00f1as de no sabe qu\u00e9 departamento.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tiene sobre \u00e9l un recuerdo vago: Que hab\u00eda estudiado en una Universidad en Europa; que hab\u00eda sido un intelectual reconocido y un sacerdote carism\u00e1tico.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La memoria le dice que fue estigmatizado por la iglesia. De hecho el Padre Esteban, all\u00e1 en la parroquia de San Jos\u00e9, todav\u00eda habla pestes de \u00e9l. Sabe as\u00ed mismo que su causa era la de los pobres, pero no tiene muy claro su discurso, nunca ha le\u00eddo nada sobre lo que el cura propon\u00eda. \u201c\u00a1Pobre tipo!\u201d \u2013 piensa -.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u2013se pregunta mientras las torcazas desaparecen de su vista- \u00bfen qu\u00e9 momento esos ej\u00e9rcitos revolucionarios nutridos de j\u00f3venes que renunciaban a todo para enlistarse en la gesta de la liberaci\u00f3n nacional, degeneraron en cuadrillas de facinerosos, sin principios, delincuentes comunes sumergidos hasta el cuello en el negocio del narcotr\u00e1fico?.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Al llegar a la puerta de \u201cEl Tr\u00e9bol\u201d ve a Urquijo a unas tres mesas de distancia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hay una sensaci\u00f3n de dolor en su mirada.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cuando se acerca a \u00e9l no le da tiempo de saludarlo porque lo recibe con una frase macabra: \u201cEs c\u00e1ncer\u201d \u2013 le dice \u2013 \u201clo que mi pap\u00e1 tiene es c\u00e1ncer. Nos acaban de entregar los resultados de los ex\u00e1menes\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lo conmueve el dolor del amigo, su incertidumbre, la soledad que transpira su alma. Son cuatro hermanos hu\u00e9rfanos de madre y ahora le habla con la certeza angustiada de que la vida de su padre tiene los d\u00edas contados.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cUno cree que ellos son inmortales \u2013 parece pensar Urquijo en voz alta &#8211;\u00a0 nos negamos a entender que el tiempo pasa. \u00bfSab\u00e9s qu\u00e9?, creo que mi pap\u00e1 merec\u00eda un final m\u00e1s interesante. Esto de quedarse en una cama mientras la vida se le va apagando\u00a0 no encaja con todo lo que hizo. Estoy seguro de que el viejo hubiera preferido morir peleando\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y entonces descubre a trav\u00e9s del amigo un pap\u00e1 desconocido que en nada se parece a ese se\u00f1or anciano, espigado y l\u00e1nguido, con sombrero negro de ala ancha y casi siempre de ruana terciada al hombro, que \u00e9l se encontraba saliendo o entrando de la casa de su compa\u00f1ero de vez en cuando.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ese adulto adusto y lejano\u00a0 era en las palabras de su hijo un\u00a0 curtido liberal de los de antes, de esos que estaban dispuestos a dar la vida por la bandera roja de su partido. Un hombre de experiencia que hab\u00eda sido entre otras muchas cosas un aguerrido concejal de la ciudad, un dirigente sindical, un \u201ccome curas\u201d,\u00a0 un subversivo contra los gobiernos conservadores que se dieron antes del Frente Nacional y tambi\u00e9n el\u00a0 primer \u201cchofer\u201d profesional que hubo en Manizales.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Algo extra\u00f1o e inexplicable se ha desencadenado en la mente de su amigo:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>D\u00edas atr\u00e1s, su padre era un tirano y un viejo ignorante, intemperante, un d\u00e9spota que hac\u00eda invivible la casa y que condenaba a sus dos hermanas a un destino de solteronas solitarias. Pero ahora, con la inminencia de su muerte, el anciano adquir\u00eda ribetes heroicos y Urquijo aceptaba como ciertas todas las historias que escuch\u00f3 desde cuando era ni\u00f1o y que nunca tuvo el valor de compartir con nadie porque siempre se le antojaron fantas\u00edas que nada ten\u00edan que ver con la realidad. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Entonces el amigo habla de masacres, de pueblos arrasados, de torturas indiscriminadas, de mujeres desolladas, de ni\u00f1os empalados, de actos de sevicia inenarrables que se ejecutaban en el nombre de una bandera partidista y que anegaron\u00a0 de sangre a esta naci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Urquijo parece un iluminado que desvela ante sus ojos la nueva verdad. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Aparecen en ese mon\u00f3logo palabras que son alias remotos y que al o\u00edrlos dejan la sensaci\u00f3n de haber sido escuchados alguna vez: \u201cSangrenegra\u201d, \u201cTirofijo\u201d, \u201cCapit\u00e1n Veneno\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n surgen apellidos notables que no le dicen nada y que le dicen mucho porque est\u00e1n refundidos con un eco confuso\u00a0 en las entretelas\u00a0 de su memoria: Molina, Gait\u00e1n, Echand\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Este Urquijo reflexivo y sabedor de tantas y tan agobiantes historias resulta irreconocible.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Jam\u00e1s imagin\u00f3 que su amigo tuviese toda esa\u00a0 informaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Descubre que salvo los temas de las muchachas, el cine y las revistas de historietas, ninguno otro ocupaba sus conversaciones. No recuerda que a su amigo le haya importado algo en esta vida. Adem\u00e1s, no tiene la m\u00e1s m\u00ednima referencia de todo esto que Urquijo narra sin parar.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es ah\u00ed cuando piensa que tampoco a \u00e9l nunca le ha importado nada de nada.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La memoria salta hacia m\u00e1s atr\u00e1s.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se ve muy ni\u00f1o de la mano de Pedro Pablo en el d\u00eda de las elecciones, caminando por el Parque de Bol\u00edvar hacia el edificio de la gobernaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ah\u00ed en el balc\u00f3n, mientras Cruz Helena recoge los restos del desayuno y se lleva los ejemplares de La Patria, recuerda esa sensaci\u00f3n de temor que se respira en el ambiente, esa aprensi\u00f3n extra\u00f1a que se hace cada vez m\u00e1s grande bajo la mirada inquisidora de las fuerzas de polic\u00eda que llenan todos los espacios. Un miedo que no puede evitar cuando requisan a su padre en la puerta de ingreso al sitio de las urnas de votaci\u00f3n; un miedo infantil que no alcanza a ser matizado por la amabilidad de la se\u00f1ora que ejerce como funcionaria electoral, cuando introduce su peque\u00f1o dedo en el frasco de tinta indeleble para que pueda demostrar que \u00e9l tambi\u00e9n ha \u201cvotado\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tiene entonces conciencia del temor que reflej\u00f3 siempre el rostro de su madre en las oportunidades en las que su pap\u00e1 se lo llev\u00f3 de ni\u00f1o para que lo acompa\u00f1ara en las fechas de elecciones.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Asocia ahora ese temor a la violencia partidista de la que habla Urquijo. \u00bfTendr\u00e1n tambi\u00e9n sus padres\u00a0 historias semejantes?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cMas te vale entender que pasaron muchas cosas antes de que vos y yo naci\u00e9ramos\u201d -le dice el amigo en tono reflexivo al levantarse de la mesa &#8211;\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Al salir\u00a0 de \u201cEl Tr\u00e9bol\u201d ya es de noche.<\/p>\n<p>El piso mojado refleja las luces de los veh\u00edculos y de los anuncios luminosos. Se siente afuera el mismo esp\u00edritu festivo que lo habitaba todo cuando se encontr\u00f3 con su amigo. \u201cA nadie le importa el sufrimiento del otro \u2013 piensa \u2013 nadie sabe lo de nadie. Todos caminamos de prisa con nuestras felicidades y nuestros sue\u00f1os, con nuestras tristezas y dolores, pero nadie sabe lo de nadie\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Iba a hacerle alg\u00fan comentario a su compa\u00f1ero en este sentido, pero se qued\u00f3 con la palabra muda atrapada antes de salir de su boca, porque vio algo que lo paraliz\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Era Lucrecia de cuerpo presente proyectando todo su esplendor por la acera de enfrente.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mas hermosa que nunca, iba caminando con la cabeza coquetamente recostada en el hombro de su acompa\u00f1ante y sus ojos estaban radiantes de felicidad.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La pareja transitaba en medio de la multitud de la noche del viernes y ella, desde luego, no lo hab\u00eda visto a \u00e9l.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Luc\u00eda un abrigo negro de cuello alto, una blusa blanca abierta como al descuido que dejaba adivinar el delirio de sus pechos y ten\u00eda el pelo recogido con una peineta de aire espa\u00f1ol. Llevaba unas botas altas y\u00a0 una falda muy corta que parec\u00eda enriquecer el paisaje de su piel.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Toda ella era deslumbrante. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El muchacho que la acompa\u00f1aba parec\u00eda invisible.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Claro que lo conoc\u00eda! Era un compa\u00f1ero del Instituto Universitario con el que hab\u00eda cursado el tercero de bachillerato. \u00bfQu\u00e9 le hab\u00eda visto ella a Id\u00e1rraga, tan anodino \u00e9l, tan simple, tan aburrido?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n se le va a salir. Reconstruye en un segundo todos sus momentos, la ve a ella en la piel de Sara, sus labios en los de Sara, se le confunde la presencia de las dos mujeres en ese encuentro fugaz y siente que todos los poros de su piel van siendo recorridos lentamente por el l\u00edquido viscoso de ese amor intacto y enfermo que de nuevo se le aparece con toda la magnitud de su peso y lo deja sin respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Unos pocos segundos despu\u00e9s ya Lucrecia y su acompa\u00f1ante son unas sombras m\u00e1s que se pierden entre la gente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Urquijo, sumergido en su soliloquio, no se dio cuenta de nada. Tampoco \u00e9l quiso tocarle el tema, le parec\u00eda impertinente hablarle de algo diferente a su dolor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Acompa\u00f1a al amigo hasta la casa y se queda con \u00e9l un rato largo. El viejo estaba dormido en su camastro y las hermanas cuchicheaban con su otro hermano en la sala de la casa. Ellos dos est\u00e1n en el resquicio de la puerta de entrada. Hace un fr\u00edo intenso y la neblina empieza a rodearlos. Su compa\u00f1ero\u00a0 ha dejado\u00a0 de hablar y se queda pensando, como dej\u00e1ndose inundar de la neblina, como sumergi\u00e9ndose en ella, como evapor\u00e1ndose.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">No le dice nada al despedirse. Le pone la mano en el hombro, lo aprieta fuerte en un gesto solidario y se va caminando hasta su casa con el coraz\u00f3n abatido y el \u00c1lgebra de Baldor debajo del brazo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribe: Alberto Morales Es una evocaci\u00f3n. El \u201cpelao\u201d que est\u00e1 narrando esta historia recrea una relaci\u00f3n de estertores con el Algebra de Baldor. Quiere venderla, cambiarla por otro libro m\u00e1s \u00fatil. Goc\u00e9 mucho. 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