{"id":77,"date":"2008-06-01T17:55:13","date_gmt":"2008-06-01T17:55:13","guid":{"rendered":"http:\/\/metalecabeza.wordpress.com\/?p=44"},"modified":"2008-06-01T17:55:13","modified_gmt":"2008-06-01T17:55:13","slug":"estoy-escribiendo-otra-novela-ahi-les-va-el-primer-capitulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moralescom.com\/site\/estoy-escribiendo-otra-novela-ahi-les-va-el-primer-capitulo\/","title":{"rendered":"Estoy escribiendo otra novela, ah\u00ed les va el primer cap\u00edtulo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify;\"><em>Escribe Alberto Morales<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es una historia bacana, una evocaci\u00f3n a \u00e9pocas antiguas de militancia en la izquierda. Me gusta como est\u00e1 quedando y necesito su opini\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">\u00a0UNO \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>El peri\u00f3dico ni siquiera era de ese d\u00eda. Se trataba de una edici\u00f3n de la semana anterior y encontr\u00f3 la nota por casualidad. Si hab\u00eda de ser sincero, el nombre del personaje en el titular no le dijo nada. Lo que realmente\u00a0 atrajo su atenci\u00f3n fue la referencia a la librer\u00eda.\u00a0<\/p>\n<p>Lo ley\u00f3 todo.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Mierda!\u201d &#8211; susurr\u00f3 \u2013 \u201cqui\u00e9n iba a pensar que Pach\u00f3n terminar\u00eda as\u00ed\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>Dobl\u00f3 el ejemplar con mucha lentitud y perdi\u00f3 su mirada en la distancia. Era una ma\u00f1ana fresca de d\u00eda festivo. Disfrutaba de un jugo de naranja, arrellanado ah\u00ed en el comedorcito auxiliar que hab\u00edan instalado en el balc\u00f3n para disfrutar de la vista inmensa que se extend\u00eda a sus pies y se dej\u00f3 llevar por el paso de una bandada de torcazas a las que pod\u00eda verles el lomo porque el apartamento era m\u00e1s alto que su vuelo.<!--more--><\/p>\n<p>El paisaje parec\u00eda haber sido concebido s\u00f3lo para el\u00a0 disfrute de\u00a0 quienes viv\u00edan en esas monta\u00f1as de privilegio. La ciudad ofrec\u00eda desde all\u00ed un halo diferente. Si, esta era otra vida.\u00a0<\/p>\n<p>Se le ocurri\u00f3 entonces que esa relaci\u00f3n suya con los peri\u00f3dicos lejanos era una costumbre que ten\u00eda mucho de cord\u00f3n umbilical.<\/p>\n<p>Llevaba ya veinticinco a\u00f1os viviendo por fuera de su ciudad y a\u00fan ojeaba con curiosidad las p\u00e1ginas de La Patria. Se le volvi\u00f3 un h\u00e1bito dejar acumular hasta diez o m\u00e1s ediciones de este diario provincial y, en d\u00edas como hoy, cuando desayunaba en el balc\u00f3n, Cruz Helena la muchacha del servicio\u00a0 se los tra\u00eda para que \u00e9l escogiera algunos al azar y pudiera reafirmar as\u00ed, con s\u00f3lo mirarlos, que no ten\u00eda que ver con nada de lo que ocurr\u00eda all\u00e1 y que ya no conoc\u00eda a nadie.<\/p>\n<p>Descubre que esta noticia lo pone a transitar por entre los laberintos de la nostalgia. Se devuelve m\u00e1s de treinta a\u00f1os atr\u00e1s y le sorprende la repentina nitidez de sus recuerdos. Es, en su memoria, un muchacho apenas y le parece que est\u00e1 viviendo lo vivido:<\/p>\n<p>Le llegan entonces las voces y las risas desde dentro del Caf\u00e9 \u201cEl Tr\u00e9bol\u201d mezcladas con el choque incesante de las bolas de billar. Un coro de jugadores hace eco al ritmo de la canci\u00f3n en la que\u00a0 Roberto Ledesma adora el brillo de sus ojos, lo dulce que hay en sus labios rojos, los adora, los adora.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Iba a entrar pero lo espant\u00f3 el bolero. Todas las canciones de Roberto Ledesma lo conducen a la piel de Lucrecia y ese destino le produce dolor.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n ha escampado y decide seguir caminando hacia el Parque de Caldas. La carrera veintitr\u00e9s tiene un aire l\u00fagubre, una especie de tristeza que serpentea con la neblina, que humedece los pensamientos y es capaz de devorarse todo lo que tiene color. Siente que se mueve en blanco y negro.<\/p>\n<p>Las cosas no marchan bien por estos d\u00edas: No termina de encajar en ese Colegio de ni\u00f1os- bien en donde han decidido matricularlo y Lucrecia no quiere volver a saber de \u00e9l nunca m\u00e1s en la vida.<\/p>\n<p>Ella es su obsesi\u00f3n, el aire que respira, la raz\u00f3n de su existencia.<\/p>\n<p>Le bast\u00f3 con verla por primera vez para empezar a amarla con veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue un s\u00e1bado de la \u00faltima semana de noviembre. Estaba en la casa de la prima Sara en un plan de descanso total, cuando la\u00a0 vio llegar en medio de un alboroto de risas y de amigas declarando el comienzo inesperado de esa fiesta que se acababa de inventar.<\/p>\n<p>Se abri\u00f3 paso por entre los muebles de la sala cargada de bolsas y botellas, sin tener la m\u00e1s m\u00ednima conciencia de los estragos que estaba haciendo sobre \u00e9l con la voluptuosidad de sus formas de hembra espl\u00e9ndida y con ese aire de lujuria que se dejaba venir desde la superficie morena de su piel.<\/p>\n<p>Supo en un segundo que ten\u00eda que hacerse inolvidable para esta mujer cuya belleza le parec\u00eda de otro mundo\u00a0 y entonces se traz\u00f3 instintivamente la estrategia de ignorarla. \u00a0<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que\u00a0 llegaron los otros muchachos se dedic\u00f3 a observarla todo el tiempo con un fingido desd\u00e9n, de manera tal que cuando\u00a0 termin\u00f3 la fiesta ya la ten\u00eda descifrada al derecho y al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>Claro que a simple vista pod\u00eda dar la impresi\u00f3n de ser una coqueta incontenible y una seductora pertinaz. Parec\u00eda incluso estar obsesionada por llamar la atenci\u00f3n y por sentirse admirada y deseada, pero esa no era m\u00e1s que una fachada de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ni se hablaron.<\/p>\n<p>Al martes siguiente supo que no se hab\u00eda equivocado de estrategia porque la prima Sara le hizo una invitaci\u00f3n irrenunciable: \u201cEs de parte de Lucrecia\u201d \u2013 le dijo \u2013 \u201cquiere que nos encontremos en su casa el pr\u00f3ximo s\u00e1bado, que te espera a las tres de la tarde, que no le faltes porque quiere conocerte a profundidad\u201d, y repiti\u00f3 la palabra \u201cprofundidad\u201d con sorna cuando se despidi\u00f3 entre risas y gestos que \u00e9l no fue capaz de interpretar.<\/p>\n<p>Se le hizo eterna la espera de ese fin de semana y sobre todo la media hora adicional que se impuso como retraso obligado para que no se le notaran las urgencias. Lleg\u00f3 a las tres y treinta.<\/p>\n<p>Sara y Lucrecia lo recibieron entusiasmadas. \u201cEsta va a ser una fiesta larga \u2013 coment\u00f3 la prima \u2013 los pap\u00e1s de Lucre no regresan hasta ma\u00f1ana, as\u00ed que tenemos toda la casa para nosotras solas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En la sala estaba una hermana de Lucrecia, tal vez dos o tres a\u00f1os mayor, acompa\u00f1ada de su novio, y un amigo de Sara que estudiaba en el Colegio de San Lu\u00eds.<\/p>\n<p>Luego de un ritual\u00a0 corto de presentaciones y saludos, hablaron algunas tonter\u00edas mientras la prima ofrec\u00eda a todos un trago. La hermana de Lucrecia puso a sonar el primer disco y empez\u00f3 a bailar con su novio, lo mismo hicieron Sara y su amigo.\u00a0<\/p>\n<p>Era Ledesma narrando una historia de soledades, describiendo el peso de la ausencia de la mujer que ama, cantando adolorido: \u201cesta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas t\u00fa\u2026\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>El bolero parec\u00eda invitar a ser imaginado: cerr\u00f3 los ojos y alcanz\u00f3 a ver los goterones intempestivos, el color gris de la calle, la carrera de los transe\u00fantes buscando en donde guarecerse, y entonces lo regres\u00f3 a la realidad la mano de Lucrecia tomando la suya y orden\u00e1ndole\u00a0 con un susurro tierno: \u201clev\u00e1ntate\u201d.<\/p>\n<p>Estuvo totalmente abrazado a ella a lo largo de esa noche memorable, adherido a su piel, sumergido en el abismo perfecto de su cuello, embriagado con\u00a0 su aroma; levitando los dos al ritmo cadencioso de esas melod\u00edas que se suced\u00edan sin parar; sin conciencia de lo que ocurr\u00eda a su alrededor y habitando en esa burbuja de placer exquisitamente solos\u00a0 .<\/p>\n<p>A veces, la frase suelta de uno de esos boleros parec\u00eda estar escrita para ellos dos y s\u00f3lo para ellos dos, y entonces \u00e9l le dec\u00eda al o\u00eddo unas palabras tenues que ella respond\u00eda apret\u00e1ndose a\u00fan m\u00e1s a su cuerpo.\u00a0<\/p>\n<p>Bailaron sin descanso hasta el amanecer. No se besaron.<\/p>\n<p>Sigue caminando. Este recuerdo feliz no es capaz de sacudirle ese aire l\u00fagubre que respira mientras avanza\u00a0 por la carrera veintitr\u00e9s. Se detiene sin raz\u00f3n frente a la vitrina de la Librer\u00eda de las Hermanas Paulinas. Es amplia y luminosa. Los libros se exhiben cuidadosamente, algunos agrupados figurando construcciones de fantas\u00eda, aquellos sobre atriles dise\u00f1ados a la medida, estos con la apariencia de haber sido puestos al desgaire y\u00a0 se\u00f1alando hacia afiches diversos en sus dise\u00f1os y mensajes: paisajes sobre los cuales se imprimen frases b\u00edblicas, rostros infantiles en estado de \u00e9xtasis, retratos de v\u00edrgenes y de \u00e1ngeles.\u00a0<\/p>\n<p>Sus ojos saltan de t\u00edtulo en t\u00edtulo: \u201cConcilio Vaticano Segundo\u201d, \u201cYa tengo catorce a\u00f1os\u201d, \u201cEl fervor Mariano\u201d.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la vitrina se puede ver el interior de la librer\u00eda. Todo es as\u00e9ptico. Dos mujeres que parecen ser novicias, atienden muy amablemente a un viejo sacerdote que acaba de hacerles una compra importante. Lo premian con un separador de libros en cuyo dise\u00f1o resalta la imagen del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\u201cEn Vos conf\u00edo\u201d \u2013 se dice mentalmente &#8211;<\/p>\n<p>No, no se besaron esa noche, ni lo hicieron nunca.<\/p>\n<p>Se trataba de que ella no pudiera olvidarlo jam\u00e1s, de imprimirle a esa relaci\u00f3n una diferencia total con cualquiera otra que hubiese tenido en su existencia. Ella, la voluptuosa, la coqueta, la insinuante, la que despertaba todas las pasiones, la que desencadenaba todos los deseos, recibir\u00eda de \u00e9l una lecci\u00f3n de amor como nunca pudo imaginarse. Le demostrar\u00eda con sus actos y superando todas las incomprensiones, que la amaba hasta la veneraci\u00f3n, por encima de los instintos y mucho mas all\u00e1 de los llamados de la piel.\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed, no solo empezaron a verse todos los d\u00edas desde ese d\u00eda sino que\u00a0 se les volvi\u00f3 un h\u00e1bito conversar\u00a0 por tel\u00e9fono largamente hasta los l\u00edmites de la paciencia de sus dos familias, al punto de terminar colgando el auricular siempre obligados por la presi\u00f3n y con la certeza de haber dejado de decirse cosas importantes que se ten\u00edan que decir.<\/p>\n<p>De todas maneras, cada visita suya era una batalla contra los mandatos inmisericordes de la carne.<\/p>\n<p>Le bastaba con llegar para dejarse inundar por ese olor de ella, tan indescifrable. Entonces se les iba el tiempo tomados de la mano mientras \u00e9l trataba de proponer temas trascendentales que Lucrecia era incapaz de responder, porque parec\u00eda gozar provoc\u00e1ndolo, acerc\u00e1ndose, recost\u00e1ndose en \u00e9l, entorn\u00e1ndole esos ojos verde mar que nada ten\u00edan que ver con el color oscuro de su piel, y convoc\u00e1ndolo con sus actos y sus gestos a que la tocara.<\/p>\n<p>Siempre terminaba casi reventado de excitaci\u00f3n y de abstinencia.\u00a0<\/p>\n<p>En las noches, despu\u00e9s de despedirse, empezaba a ascender triunfalmente hacia su casa por la calle que llevaba al Hospital Universitario, y ni siquiera los rigores del fr\u00edo y de la niebla le daban reposo a la\u00a0 seguridad de estar dejando una huella imborrable en esa mujer instintiva y vulnerable a quien nadie hab\u00eda querido como la estaba queriendo \u00e9l.<\/p>\n<p>Cuando abandona la Librer\u00eda de las Hermanas Paulinas no se puede ver nada a un metro de distancia porque la neblina lo inunda todo. Tiene la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de estar caminando entre las nubes. Ahora es esa densidad gris la que se encarga de hacerle m\u00e1s pesada la tristeza.<\/p>\n<p>Avanza una cuadra m\u00e1s arrastrando los jirones de su alma\u00a0 y de repente le llama la\u00a0 atenci\u00f3n\u00a0 otra vitrina inesperada en la que se puede ver una fotograf\u00eda del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla a todo color, rejuvenecido y luciendo todos sus arreos,\u00a0 enmarcada por un hilo de bombillas diminutas y encendidas. La imagen se encuentra recostada sobre un pomposo arreglo de banderas patrias que le dan a la exhibici\u00f3n un aire de altar de Corpus Christi.<\/p>\n<p>Es el Rojas Pinilla de los a\u00f1os cincuenta que tiene en su mirada la carga del poder absoluto y en el pecho la banda presidencial. Un Rojas Pinilla del que \u00e9l no tiene conciencia\u00a0 y que en nada se parece al anciano que\u00a0 ha podido ver por estos d\u00edas en el noticiero de televisi\u00f3n y en las p\u00e1ginas de prensa como candidato de la \u201cAlianza\u00a0 Nacional Popular\u201d.<\/p>\n<p>Y entonces se percata de los libros.\u00a0<\/p>\n<p>Son centenares desperdigados sobre el piso de la peque\u00f1a vitrina, colgados de las paredes laterales, detr\u00e1s de las banderas, mezclados con ejemplares de peri\u00f3dicos extra\u00f1os: \u201cVoz Proletaria\u201d, \u201cLib\u00e9ration\u201d\u2026\u00a0<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 es esto?\u201d \u2013 se pregunta \u2013<\/p>\n<p>Toma un poco de distancia de la acera y trata de tener una visi\u00f3n m\u00e1s amplia mirando a todos los lados, pero no es capaz de reconocer el sitio aunque lleva a\u00f1os pasando por all\u00ed.\u00a0<\/p>\n<p>Es un\u00a0 lugar que nadie podr\u00eda percibir a primera vista, parece invisible, como sin intenci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Tiene la impresi\u00f3n de que las car\u00e1tulas quieren saltar sobre \u00e9l: \u201cViaje a Oxiana\u201d de Robert Byron con la fotograf\u00eda imponente de una mezquita; \u201cEl Satiric\u00f3n\u201d de Cayo Petronio, en donde se reproduce el pedazo de un fresco que recrea una especie de bacanal; \u201cLa mala vida\u201d de Salvador Garmendia muestra un \u00e1rbol moribundo en blanco y negro; \u201cUlises\u201d de James Joyce, con\u00a0 un tranv\u00eda rojo atravesando una calle de Dubl\u00edn; \u201cEl Mandar\u00edn\u201d de Jos\u00e9 Mar\u00eda Eca de Queiroz, sin ninguna ilustraci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>\u201cEs una Librer\u00eda\u201d \u2013 se responde \u2013, pero la vitrina no deja ver su interior<\/p>\n<p>Se para curioso frente a la entrada. Es estrecha y oscura.\u00a0<\/p>\n<p>Descubre al ingresar que el polvo se impone en el ambiente y que todo all\u00ed transpira un aire de vejez opresivo y contagioso. Tarda un momento en acostumbrarse a la semioscuridad del pasillo y empieza a avanzar. Percibe las sombras de algunas personas al fondo y en los pasillos laterales, ensimismadas en la b\u00fasqueda de alg\u00fan texto.\u00a0<\/p>\n<p>Ahora puede verlo todo con claridad y con asombro:\u00a0<\/p>\n<p>Est\u00e1n all\u00ed\u00a0 todos los libros del mundo, los m\u00e1s diversos e imposibles; los libros ya le\u00eddos por centenares de lectores y que conservan a\u00fan el aliento de dejarse leer una y otra vez; los libros reci\u00e9n le\u00eddos, los reci\u00e9n impresos relucientes de nuevos y oliendo a tinta fresca; los que nunca tuvieron lectores, e incluso los libros moribundos que, habiendo sido le\u00eddos, ya nadie va a leer.<\/p>\n<p>Es una org\u00eda de libros que parecen gravitar en el aire reducido de esa \u00e1rea e inundarlo todo hasta la exasperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay un cuartucho estrecho a la derecha. La bombilla encendida se bambolea de un cable retorcido e ilumina tenuemente el escritorio atiborrado de papeles, de textos y de objetos extra\u00f1os que forman una monta\u00f1a de desorden y dejan ver apenas la testa exuberante del due\u00f1o de la librer\u00eda.<\/p>\n<p>Regresa de nuevo a Lucrecia. Recuerda ese\u00a0 presentimiento que lo atraves\u00f3 como un rayo cuando la hermana le dijo que no estaba, y que se le convirti\u00f3 en certeza en la medida en que se la negaban a lo largo del d\u00eda cuando preguntaba por ella.\u00a0<\/p>\n<p>Se la trag\u00f3 la tierra: ni en el tel\u00e9fono, ni en la casa, ni en el colegio, ni en donde las amigas.\u00a0<\/p>\n<p>No entend\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda estar ocurriendo si llevaban ya setenta y siete d\u00edas de felicidad sin interrupciones y no se hab\u00eda presentado en esa semana ning\u00fan incidente\u00a0 o discusi\u00f3n que presagiara una ruptura.\u00a0<\/p>\n<p>Se desangr\u00f3 de dolor durante esa larga b\u00fasqueda que se prolong\u00f3\u00a0 por m\u00e1s de treinta y seis horas, hasta esta ma\u00f1ana cuando habl\u00f3 con la prima.<\/p>\n<p>A\u00fan le retumban en el cerebro las palabras de Sara:\u00a0<\/p>\n<p>\u201cNo le insistas\u201d \u2013 le dijo \u2013 \u201cella no quiere saber nunca mas de ti\u201d \u2013 y agrega temerosa, casi en un tono de disculpa &#8211; : \u201cOye J\u00f3se, no es que yo le crea, pero ella jura y re-jura que t\u00fa eres un marica\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es una historia bacana, una evocaci\u00f3n a \u00e9pocas antiguas de militancia en la izquierda. Me gusta como est\u00e1 quedando y necesito su opini\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[84],"tags":[85,101,86],"class_list":["post-77","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-aberraciones-personales","tag-moir","tag-morales","tag-novela"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=77"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/77\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=77"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=77"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/moralescom.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=77"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}